
Tengo la enorme suerte de dedicarme a una profesión con la que muchos sueñan, de mantener la ilusión como el primer día. Ver que estas ilusiones pueden tomar forma de algo importante y que, a su vez, se conviertan en realidad. Ver que es, precisamente, que es una realidad es lo que hace que siga con más fuerza.
Mis inicios en la fotografía son relativamente recientes. Soy profesional desde 2007 aunque siempre he estado relacionado con la fotografía ya que mi padre era fotógrafo social y de prensa muy reconocido en su ciudad natal, el Puerto de Santa María y donde actualmente resido y trabajo. Realmente, fue suerte, una enorme suerte, poder tener un mentor dentro de la misma familia y de una profesión que te apasiona. No hay un solo momento en el que no me invadan recuerdos, consejos, palabras… Unos de mis grandes deseos es que mi hijo, si tuviera que vivir de esto, tuviera la misma suerte de vivirlo con la pasión con la que la hemos vivido nosotros.
Sensaciones, emociones, felicidad… para mí esa es la vida, “sentimientos”, y la fotografía es una vía para mostrar todas esas cualidades. Sin embargo, el punto de vista es diferente, es decir, cómo captar esos sentimientos sin caer en cursilerías?. Personalmente, y como cuestión de gustos que es, la mejor herramienta es el fotoperiodismo o fotografía documental de bodas. Es la forma más natural de contar acciones y momentos, sensaciones y sentimientos.
Considero la fotografía como un trabajo artesano, no como un trabajo por lotes, no es un trabajo en cadena ni en serie. Busco la implicación en cada trabajo, la motivación, los retos… No me importa cómo sea ni a dónde me tenga desplazar, para mí, lo importante es que sea diferente, original y muy personal.
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